Pandemia de amor, allí esparcido
por las esquinas llenas de mugre.
Qué ciudad, toda llena de besos ligeros que no caen en mi balcón.
Sólo las miradas me alimentan.
La tuya, un poco más que el aire, menos que el tráfico desaforado.
Un poco de música, aquel olor despistado que llega por casualidad,
de otro mundo, donde soñaré esta noche,
con suerte.